En breve: El flujo de caja es el registro del dinero real que entra y sale de una empresa durante un período determinado. A diferencia de la utilidad contable, que puede incluir ventas facturadas pero aún no cobradas, el flujo de caja muestra únicamente el efectivo disponible en la empresa en un momento dado. Es uno de los indicadores más críticos para la sostenibilidad de un negocio, porque una empresa puede ser rentable en el papel y aun así quedarse sin dinero para operar.
El flujo de caja se compone de tres tipos de movimientos: el flujo operacional (relacionado con la actividad principal del negocio), el flujo de inversión (compra o venta de activos) y el flujo de financiamiento (créditos, aportes de capital o pago de deudas). Entender estos tres componentes por separado permite identificar si un problema de caja viene de la operación diaria o de una decisión puntual de inversión o financiamiento.
Una empresa registra una venta como ingreso en el momento en que emite la factura, aunque el cliente pague 30, 60 o 90 días después. El flujo de caja, en cambio, solo registra el dinero cuando efectivamente entra a la cuenta bancaria. Por eso es posible que una empresa "gane dinero" según su estado de resultados y, al mismo tiempo, no tenga efectivo suficiente para pagar sus propios compromisos.